domingo, 9 de agosto de 2009

JULIO EUTIQUIO SARABIA/ ENTRE EL AIRE, Y LA LUZ




No sucumbas al celo de mi carne.
Manténte nenúfar sobre el agua,
muy abiertos los ojos y con pasmo
mora en el corazón de la intemperie.

No vigiles el fuego que prodigo
en lechos de arte desigual
ni viertas, en mí, esencias de la India
—mirto, tal vez; indudable jazmín—,
ni exhibas las prendas de la gracia.

No me tengas distante de tu pecho
aunque me vaya. Simula que soy ido
y que no me ato ni trasnocho
siete días que multiplica el mes,
el año, el siglo, la baraja.

No te sorprendas con el tam-tam de los tambores
si tizne adviertes en mi frente
y, en las costillas, el humo que consuela
de nada tener que fructifique.

No abrigues mi loco paladar ni cures mis heridas.
¿Qué tósigo pondría después en esas llagas?

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